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STC Metro: Corrupción desde el subsuelo


  • Entre nepotismo y corrupción, Fernando Espino le cuesta más de 900 mil pesos mensuales al Metro.
  • Una persona que gane el salario mínimo trabajará una hora con 22 minutos para pagar dos boletos.


Desde hace varias semanas el Sistema de Transporte Colectivo Metro y el Gobierno del Distrito Federal nos bombardean con una campaña que tiene como fin un hecho que parece consumado: aumentar la tarifa de ese transporte en un 66.6 por ciento, pasando de tres a cinco pesos. El aumento entró en vigor el 13 de diciembre, las protestas desde días antes.

El director del STC Metro, Joel Ortega –impune por el caso New’s Divine, cuando fungía como secretario de Seguridad Pública- intenta explicar que el servicio que se publicitaba como “uno de los mejores del mundo” apenas en la administración pasada, ahora está colapsado.

En 2010 la tarifa se incrementó en 50 por ciento, además no se ha transparentado el sobrecosto que tuvo la Línea 12, el cual no sirvió para enmendar las irregularidades que presenta la línea más joven de la red de trenes naranjas.

El aumento se promueve bajo el argumento de mejorar el servicio, aunque apenas en abril se dijo lo mismo al autorizarse el alza a la tarifa de transporte público concesionado. A ocho meses del incremento, los usuarios no vemos las mejoras por ningún lado: los microbuseros siguen violando el reglamento de tránsito de forma impune y poniendo en riesgo miles de vidas diariamente.

Apenas el pasado julio fuimos testigos del choque de intereses entre Fernando Espino Arévalo, líder del Sindicato del Sistema de Transporte Colectivo Metro, y Joel Ortega. El Sindicato responsabilizaba al titular del Metro de las fallas en el servicio y solicitaba más recursos para rehabilitar trenes.

Lo anterior suena bien, a no ser porque Fernando Espino ha sido señalado reiteradamente por el nivel de corrupción con que se desempeña y su eternización al frente del sindicato. Actualmente el STC Metro desembolsa 817 mil pesos mensuales en 43 plazas de confianza que ocuparon allegados al líder sindical. Por si fuera poco, tres de sus hijos cobran 91 mil 821 pesos al mes, de manera que entre el nepotismo y la corrupción, Fernando Espino le cuesta más de 900 mil pesos mensuales al Metro, sin contar su sueldo y otros gastos sindicales.
Por su parte, Joel Ortega no es ejemplo de transparencia en el uso de los recursos públicos, puesto que usa, al igual que el líder sindical, plazas de confianza y honorarios para emplear a 22 integrantes de la asociación política Ciudadanía y Democracia que él mismo fundó en 2010; incluso aparece reiteradamente en fotografías del portal web de la agrupación. Para darnos una idea del desfalco, tan sólo 16 de las plazas ocupadas representan un gasto de 766 mil pesos, entre salarios y honorarios. Así, los trabajadores cercanos a Ortega y Espino constituyen el sector mejor pagado del STC Metro.

No obstante, uno de los principales argumentos que esgrimen las autoridades es que se trata del servicio más barato a nivel mundial; omiten decir que en París, por ejemplo, el costo del boleto oscila en 30 pesos, pero el salario mínimo mensual equivale a 24 mil 454 pesos, muy lejos del poder adquisitivo mexicano. En París el costo del boleto representa un 1.17 por ciento del ingreso diario; en México, la nueva tarifa representaría un 8.3 por ciento.

Según un estudio realizado por Animal Político, en el que se apoya con cifras de la Organización Internacional del Trabajo y de páginas web de otros Metros, el costo del boleto seré el más caro a nivel mundial: un trabajador que gane el salario mínimo tendría que trabajar una hora con 22 minutos para pagar dos boletos, con lo que el STC se convertiría en el sistema de Metro más costoso entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Según datos que difunde el propio STC Metro en sus espacios publicitarios, entre las cosas que se harían con los recursos, se menciona: “dar mantenimiento mayor a 45 trenes de la Línea 2“, y “comprar 3 mil 705 ventiladores para vagones y 258 compresores”. Lo grave es que esto ya estaba contemplado en el presupuesto de mil 200 millones de pesos que el Metro recibió de la Asamblea Legislativa del DF ¿A dónde fue a parar a ese dinero?

Y ya que hablamos de espacios publicitarios, ¿se ha dado cuenta de la proliferación desmedida de anuncios en casi cualquier rincón del Metro? Ahora ya no sólo tenemos que soportar los decibeles de los vagoneros –mafia que, dicen, resolverán con mil 200 policías- sino que en los andenes se instalan cada vez más pantallas que, aunadas a la música ambiental y el bullicio cotidiano, representan una fuerte presencia de contaminación auditiva.

La cuestión de los dineros en cuanto a publicidad es un asunto muy delicado. En 2010, el GDF pasó de percibir 12.2 millones mensualmente, a sólo 5.5 millones de pesos. La empresa ISA Corporativo -poseedora del permiso para comercializar espacios publicitarios en el Metro- argumenta que el GDF se excedía en el uso de los anuncios, por lo que se renegoció la contraprestación de 50 por ciento del pago en especie y el otro 50 en efectivo; de manera que la relación quedó en 80 por ciento en publicidad y 20 por ciento en efectivo. La empresa cobra entre 150 mil y 400 mil pesos por anuncio.

Debido a todo lo expuesto a lo largo de este texto han surgido manifestaciones ciudadanas de rechazo al incremento de la tarifa: realizan sus consultas, arman brigadas de información y recolectan firmas. Este 13 de diciembre tuvieron lugar las acciones más contundentes en la iniciativa ciudadana #PosMeSalto, acción que se venía dando desde días atrás.

El árbol quemado esta tarde, a pesar que los organizadores se deslindan de alguna relación con quienes ejecutaron dicha acción, nos hace recordar lo encendido de las protestas que se dieron el pasado junio en Brasil y la razón que las desato: el alza en la tarifa de transporte público.



Fuentes:

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